Karl Friston — es uno de los neurocientíficos teóricos más influyentes de las últimas décadas. Formado originalmente en psiquiatría, desarrolló herramientas fundamentales para analizar imágenes cerebrales y posteriormente formuló una teoría mucho más ambiciosa sobre cómo funcionan el cerebro y los organismos vivos: el principio de energía libre (Free Energy Principle) y su derivación, la inferencia activa (active inference).
La idea de Friston que creo que más se relaciona con lo que estás buscando puede resumirse así:
El cerebro no observa pasivamente la realidad. Construye permanentemente una hipótesis sobre la realidad y utiliza los sentidos para corregirla.
Esto cambia bastante nuestra concepción intuitiva de la mente.
1. No vemos el mundo directamente
Normalmente pensamos que funciona así: existe una realidad exterior, nuestros ojos y nuestros sentidos la captan, la información llega al cerebro y entonces vemos el mundo.
Para Friston, el proceso es más complejo.
El cerebro nunca tiene acceso directo al mundo exterior. Lo único que recibe son señales: impulsos eléctricos provenientes de los ojos, los oídos, la piel, el equilibrio, los órganos internos, etc. A partir de esas señales tiene que inferir qué está ocurriendo afuera.
Por eso la percepción es fundamentalmente una inferencia.
Cuando vemos una silla, nuestro cerebro no recibe una “silla”. Recibe patrones de luz, bordes, colores, profundidad y movimientos. Con esa información y con todo lo aprendido anteriormente construye la hipótesis:
“Eso es una silla.”
Friston describe el cerebro como poseedor de un modelo generativo del mundo: una especie de simulador interno que intenta explicar qué causas externas podrían estar produciendo nuestras sensaciones.
Por lo tanto, en cierto sentido:
no percibimos simplemente lo que existe; percibimos la mejor interpretación que nuestro cerebro puede construir de lo que existe.
Esto no significa que la realidad exterior no exista. Friston no sostiene que todo sea imaginario. Significa algo más interesante: nuestro acceso a la realidad siempre está mediado por un modelo mental.
2. El cerebro es fundamentalmente una máquina de predicción
El cerebro está prediciendo constantemente qué debería encontrar.
Predice qué imagen aparecerá cuando movamos los ojos, qué sensación experimentaremos cuando movamos una mano, qué sonido seguirá al comienzo de una palabra, qué ocurrirá cuando entremos en una habitación conocida.
La percepción surge de la comparación entre dos cosas:
lo que el cerebro esperaba encontrar y lo que efectivamente recibe de los sentidos.
La diferencia entre ambas cosas constituye lo que se denomina error de predicción.
Si todo coincide con nuestra expectativa, prácticamente no necesitamos modificar nuestra interpretación del mundo.
Pero si aparece algo inesperado, el cerebro debe actualizar su modelo.
Esto explica algo extraordinario de la experiencia humana: la mayor parte de nuestra actividad mental no consiste en reconstruir el mundo desde cero cada segundo. Utilizamos constantemente lo que ya sabemos para anticipar lo que viene.
El pasado está permanentemente participando en nuestra percepción del presente.
3. Percibir significa combinar realidad y experiencia
Aquí aparece una consecuencia filosófica muy profunda.
Dos personas pueden encontrarse frente al mismo acontecimiento y vivir experiencias completamente diferentes.
¿Por qué?
Porque la percepción resulta de la combinación entre:
señales provenientes del mundo + expectativas + experiencias anteriores + creencias + contexto.
El cerebro trabaja, en términos aproximados, de una manera bayesiana: parte de ciertas probabilidades previas y las actualiza cuando recibe nueva evidencia. Friston vincula explícitamente su teoría con la hipótesis del “cerebro bayesiano”. �
Nature
Por eso nunca llegamos completamente “vacíos” a una situación.
Llegamos con una historia.
Y esa historia condiciona lo que esperamos encontrar.
Esto permite entender fenómenos que van desde las ilusiones ópticas hasta aspectos mucho más complejos del comportamiento humano. Frente a información ambigua, el cerebro utiliza sus expectativas para completar aquello que falta.
Podríamos expresarlo así:
no vemos primero y después interpretamos. Interpretar forma parte del propio acto de ver
4. El principio de energía libre
Friston lleva esta idea mucho más lejos.
Según su Free Energy Principle, los organismos vivos necesitan mantenerse dentro de ciertos estados compatibles con su existencia.
Una persona, por ejemplo, necesita mantener dentro de ciertos rangos su temperatura, hidratación, glucosa, oxígeno, etc.
Si un organismo permaneciera constantemente en estados completamente impredecibles, dejaría de conservar su organización y finalmente desaparecería.
De ahí surge la idea de que los organismos procuran reducir aquello que Friston denomina técnicamente “surprise”.
Hay que tener cuidado con esta palabra.
No significa sorpresa psicológica —como sorprenderse porque alguien aparece inesperadamente en una fiesta— sino aproximadamente la improbabilidad de una observación bajo el modelo que posee el organismo. La “energía libre variacional” es una cantidad matemática que permite establecer un límite sobre esa sorpresa.
En términos simples:
La vida necesita construir modelos suficientemente buenos del mundo como para poder anticiparlo y mantenerse dentro de condiciones viables.
5. Pero el cerebro puede hacer dos cosas
Esta es probablemente la parte más fascinante de Friston.
Cuando existe una diferencia entre nuestra predicción y lo que sucede, tenemos básicamente dos posibilidades.
Podemos cambiar nuestra mente para adaptarla al mundo.
O podemos actuar sobre el mundo para hacerlo coincidir con nuestra predicción.
La primera es percepción y aprendizaje.
La segunda es acción.
Friston las integra mediante el concepto de inferencia activa.
Supongamos que creo que hay un vaso de agua sobre la mesa.
Puedo mirar y comprobarlo.
Pero supongamos ahora que tengo sed y espero dejar de tenerla.
Mi cerebro puede generar una predicción sobre un estado futuro: estar hidratado. Entonces actúo, busco agua, levanto el vaso y bebo.
Ya no estoy solamente intentando interpretar el mundo.
Estoy modificando el mundo y mi cuerpo para producir determinadas sensaciones esperadas.
Por eso, para Friston, percepción y acción son dos caras de un mismo proceso.
Percibimos para actuar y actuamos para percibir determinados estados del mundo.
6. La mente está permanentemente anticipando el futuro
Esto significa que el cerebro no está diseñado principalmente para describir perfectamente el mundo.
Está diseñado para navegarlo.
Un trabajo reciente firmado por Friston y otros autores lo expresa de una manera importante: los modelos generativos cerebrales parecen servir para interactuar adaptativamente con el mundo, no únicamente para comprenderlo.
Esta diferencia es fundamental.
El objetivo último del cerebro no sería construir una fotografía científicamente perfecta de la realidad.
Necesita construir una representación suficientemente buena para permitirnos sobrevivir y actuar.
La evolución, por tanto, no necesariamente habría seleccionado organismos que perciban toda la realidad con absoluta fidelidad, sino organismos capaces de descubrir qué información es relevante.
7. Atención: qué error importa
Pero no todos los errores de predicción tienen la misma importancia.
Nuestro cerebro tiene que decidir qué información merece atención y cuál puede ignorarse.
En los modelos de procesamiento predictivo aparece el concepto de precisión: cuánto confiamos en determinada señal o determinada predicción.
Imaginemos que escuchamos un ruido durante la noche.
Si creemos estar completamente seguros en nuestra casa, quizá lo interpretemos como el viento.
Pero si minutos antes escuchamos que alguien intentó abrir una ventana, exactamente el mismo ruido adquiere enorme importancia.
La señal sensorial puede ser prácticamente idéntica.
Lo que ha cambiado es nuestra expectativa.
Esto muestra hasta qué punto la experiencia consciente depende de la relación entre información externa y modelos internos.
8. Entonces, ¿qué es nuestra “realidad”?
Aquí aparece la consecuencia más poderosa de Friston.
Cada ser humano vive dentro de un modelo continuamente actualizado del mundo.
No vivimos desconectados de la realidad.
Pero tampoco experimentamos la realidad “en bruto”.
Experimentamos:
la mejor hipótesis que nuestro cerebro está construyendo, momento a momento, acerca de las causas de nuestras sensaciones.
Nuestro cerebro anticipa.
El mundo responde.
Aparece un error.
Actualizamos nuestras creencias.
Volvemos a anticipar.
Y actuamos.
Ese ciclo ocurre permanentemente.
predicción → percepción → error → aprendizaje → acción → nueva predicción.
Y de ese proceso emerge buena parte de nuestra experiencia.
9. La consecuencia más humana de Friston
Llevando sus ideas un poco más allá de la formulación matemática estricta, aparece una reflexión muy interesante sobre la condición humana.
No reaccionamos solamente ante lo que ocurre. Reaccionamos ante lo que nuestro cerebro cree que está ocurriendo.
Por eso nuestra historia importa.
Nuestros aprendizajes construyen expectativas. Las expectativas orientan nuestra atención. La atención modifica lo que percibimos. Lo que percibimos determina cómo actuamos. Y nuestras acciones generan nuevas experiencias que pueden reforzar nuestras creencias.
Puede aparecer entonces un círculo:
creencia → expectativa → percepción → conducta → experiencia → refuerzo de la creencia.
Y aquí existe una conexión extraordinariamente interesante con la capacidad de observarse a uno mismo.
Porque aprender supone permitir que el error de predicción modifique nuestro modelo.
Una mente demasiado rígida podría interpretar todo lo nuevo de manera que confirme lo que ya cree.
Una mente capaz de aprender hace algo diferente: permite que determinados acontecimientos la obliguen a revisar su representación del mundo.
Por eso, aunque Friston lo expresa con matemáticas y neurociencia, de su pensamiento puede extraerse una idea filosófica muy potente:
La realidad que experimentamos no es simplemente el mundo que está frente a nosotros. Es el encuentro permanente entre el mundo y el modelo que nuestra mente ha construido de él.
Y quizá el verdadero aprendizaje comienza cuando somos capaces de distinguir la realidad de nuestra predicción acerca de la realidad.
Conviene, sin embargo, no transformar a Friston en una teoría psicológica de autoayuda: el principio de energía libre es un marco matemático extremadamente amplio y todavía existe debate científico acerca de cuánto explica efectivamente y cómo debe contrastarse empíricamente. Su importancia está precisamente en que intenta reunir percepción, aprendizaje, acción y comportamiento dentro de un mismo marco teórico.
En una frase, Friston podría resumirse así: el cerebro no es una ventana que refleja el mundo; es una máquina que formula continuamente hipótesis sobre el mundo y las corrige a través de la experiencia y la acción.
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