lunes, 2 de abril de 2012

LA egolatria

Un hombre del Tao es ordinario, normal, absolutamente normal. Nadie sabe quién es, nadie sabe qué lleva en él, nadie conoce su tesoro. Nunca hace publicidad, nunca trata de demostrar nada. Pero ¿por qué lo hacemos nosotros? A causa del ego. No estáis satisfechos con vosotros mismos, solo lo estáis cuando los demás os aprecian. La opinión de los demás es más valiosa que vuestro ser. Miráis en los ojos de los demás como si fuesen espejos y si os aprecian, si os aplauden, entonces os sentís bien.
El ego es un fenómeno falso. Es la acumulación de las opiniones de los demás, no es un conocimiento del yo.
Este yo, el llamado yo que en realidad es el ego, no es más que la acumulación de reflejos y también del miedo. Los demás pueden cambiar de opinión; siempre se está a expensas de lo que ocurra. Si dicen que sois buenos, tenéis que seguir sus reglas para seguir siendo buenos, debéis seguirles para continuar siendo buenos a sus ojos, porque una vez que han cambiado de opinión dejaréis de ser buenos. No contáis con una relación directa con vuestro ser, sino que es a través de los demás. Así que no solo os prodigáis, sino que magnificáis y falsificáis. Puede que tengáis un poco de verdad, un poco de belleza, pero la magnificáis y se convierte en algo ridículo.
Pensáis que todo el mundo os copia y en realidad sois vosotros los que no dejáis de copiar. Sois como un papel carbón, no una persona real, porque una persona real nunca necesita hacer demostración alguna.
¿Adónde llegáis con ello? A tener la falsa sensación de que sois importantes, extraordinarios.
Lo extraordinario no tiene que ver con lo que hacéis, sino con quiénes sois. Y ya sois extraordinarios; todo el mundo es único, no es necesario demostrarlo. Si se intenta demostrar, entonces se acaba demostrando lo contrario. Si algo ya es lo que es, ¿cómo podéis demostrarlo? Si tratáis de hacerlo, simplemente demostráis que no sois conscientes de la singularidad que ya sois.
Así que si queréis demostrar algo, es que tenéis dudas acerca de ello. Lo que pretendéis es destruir vuestras dudas a través de los ojos de los demás, a través de sus opiniones. No estáis verdaderamente convencidos de ser personas hermosas, sino que queréis que sean los demás los que lo digan.
Puede que penséis que sois una persona hermosa, pero nadie lo piensa de vosotros porque todo el mundo está ocupado con su propia belleza, no con la vuestra. Y si alguien asiente y dice: “Sí, eres hermosa o hermoso”, es que está esperando a que digáis lo mismo acerca de él o ella. Se trata de un acuerdo mutuo: tú colmas mi ego y yo colmo el tuyo. Y todo el mundo parece tener la misma necesidad de sentirse único. Eso significa que no habéis dado con vuestro propio ser, que es único, sin necesidad de probarlo. Las demostraciones son necesarias para las mentiras, no lo olvidéis.
Las demostraciones solo son necesarias para las mentiras; la verdad no necesita ninguna demostración. Lo es, simplemente lo es.

OSHO

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