lunes, 23 de abril de 2012

LOS CUATRO CIEGOS Y EL ELEFANTE

Había una vez, por allá muy lejos en un país de Asia, cuatro sabios ciegos que nunca habían visto un elefante.

-¿Qué les parece si vamos donde nuestro generoso rey parar que nos enseñe su elefante manso? Dijo uno de ellos.
- ¡Si, vamos! Dijeron los otros.
Y a casa del rey llegaron los cuatro ciegos. Entraron por la puerta de oro y cuando estuvieron frente al soberano le dijeron:
-Venimos señor rey porque somos ciegos y como no conocemos los elefantes, venimos a que con tu bondad nos permitas conocerlo.
-Yo los conduciré para que con sus propios medios conozcan mi elefante.
Respondió el soberano y los condujo al establo, donde el paquidermo se disponía a comer un suculento plato de zanahorias. Cuando el rey les iba a indicar como acercarse al elefante, los ciegos corrieron hacia el animal para tocarlo y saber así como era.
Uno de ellos agarró una pata, el otro se le prendió de la cola y subía y bajaba en el aire sin soltarse; el tercero tocó con su bastón uno de los colmillos; el cuarto, ni siquiera llegó hasta el elefante, porque se tropezó con el plato de heno y cayó dentro del montón de zanahorias.
-¡Ya sé! Gritó el ciego que tenía al animal agarrado de la cola: “Los elefantes son como la cuerda de una campana”.
“Falso, falso” dijo el que estaba aferrado a la pata es grande y redondo como las columnas del castillo.“Los dos se equivocan, interrumpido el ciego que golpeaba y golpeaba con su bastón el colmillo, “los elefantes son duros y rígidos como un árbol”.“No señores”, dijo el que estaba dentro del platón y quien asombrado de la inmensa cantidad de alimento, sentenció:“Todos los elefantes son como un gigantesco conejo porque se alimentan con cientos de zanahorias”.
Calma, calma, dijo el rey. Ninguno ha podido saber cómo es el elefante porque solo han tocado alguna de sus partes. Vengan acá ahora, entre los cuatro, recorran con su manos al animal y conversen sobre él.

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