domingo, 12 de julio de 2015

Yecto y Proyecto

El hombre no es un “ya dado”.  Es un comportamiento, una conducta.  Esta conducta es un reflejo de su poder-ser.  Esta conducta pasa en-el-mundo, ante sus ojos, ahí.  En este sentido el mundo pasa a ser constitutivo del ser . La temporalidad es el “sitio” de la posibilidad y el tiempo es la estructura de la posibilidad.  El ser, como ser posible, no es una abstracción sino una posibilidad con que uno se encuentra siempre “ahí.
El hombre se encuentra como “yecto” o arrojado en lo que percibe como el mundo.  El tiempo real de él o de ella es, efectivamente, la vivencia de lo que cree que puede. Horas y minutos constituyen intervalo, no temporalidad. 
El desafío de cada ser humano es la elaboración de un proyecto desde su realidad de “yecto”.  Este “proyecto” vivido es el orientador de los entes.
El proceso que representa el compromiso con el ser constituye un renuncia de la “cotidianidad” a favor de un proyecto autentico orientador.  La cotidianidad se manifiesta como “habladurías” especialmente con respecto a la muerte, una avidez de novedades y una postura ambigua frente a la vida.  Representan lo que es básicamente una huida de la nada que anuncia la posibilidad de ser, algo que se manifiesta como angustia.  Cada persona recibe señales de su posibilidad de ser.  Cuando recepciona estas señales experimenta una “caída”.  Se cae de sí mismo en sí mismo en la falta de base y en el no-ser de la cotidianidad impropia. 

Se necesita una “cura” o comprensión del ser, o sea, una autentica preocupación por la posibilidad de ser que se traslada en un proyecto.  Hay que abandonar la “cotidianidad” y comprometerse con el “habla” que articula coherentemente esta misma preocupación. Este habla es la morada del ser.  Es donde el ser esta obligado a existir. Es la oferta que cada uno genera de sí mismo.  Es lo que pide de la posibilidad. En este sentido “cura” es la totalidad de las estructuras ontológicas del ser-ahí en cuanto es ser-en-el-mundo. Comprende toadas las posibilidades de la existencia en el mundo.

 El ser humano es, en su profundo, preocupación.  Preocupación es, como la palabra implica, una pre-ocupación.  Uno anticipa e interviene en los futuros posibles en función de temporalizar un proyecto propio. Esta preocupación implica un “pre-ser-se-anticipadamente”, una frase que explicita lo que es el diseño ontológico. La preocupación es lo que acerca al hombre a su realidad de posibilidad, o, como lo expresa Heidegger, lo des-aleja de esta misma posibilidad.  Es importante notar que, para Heidegger, dentro de esta misma “habla” aparece un “callar”, o sea, un “oír” que es constitutivo del comprenderse y que es comprender al otro.

Así es que el ser humano aparece como posibilidad abierta y condicionada, interminable in no terminado, siempre más de lo que ha generado desde esta misma posibilidad.  

 

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