Creo que el problema es que las personas hacen de la ansiedad un hábito, cuando lo importante es desarrollar
la habilidad de lidiar con todo lo que nos pase.
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sábado, 4 de agosto de 2018
martes, 5 de mayo de 2015
La tension del aprendizaje
Todo el tiempo estamos enfrentando dificultades , estas dificultades nos requieren un esfuerzo de aprendizaje ,esta tension que se nos genera ,es lo que nos produce stress .
Nosotros hacemos lo mejor que podemos y la realidad nos exige que hagamos lo necesario para resolver cada situacion ,la diferencia entre lo mejor que podemos y lo necesario ,es la brecha que hace que aprendamos .
Pero tambien esa brecha ,nos tiene en estado de alerta y stress .
El gran desafio que tenemos ....seria como equilibramos para que ese tiempo de aprendizaje no nos consuma la vida y poder parar la cabeza y aprovechar los tiempos de disfrute .
Porque podemos adquirir mucho aprendizaje de como resolver situaciones , pero la vida se nos pasa y la sabiduria consiste en disfrutar el tiempo que tenemos disponible ....
Ojo que escaparnos de la realidad no sirve ,ya que nos puede dar tranquilidad por algun tiempo ,
pero ,la vida significa riesgo ,y evitar ese riesgo es empezar a morir de alguna manera .
No podemos escaparnos del desafio que tenemos los seres humanos ,que es encontrar el equilibrio entre dos extremos
MR
4/4/2015 6.15 HS
Nosotros hacemos lo mejor que podemos y la realidad nos exige que hagamos lo necesario para resolver cada situacion ,la diferencia entre lo mejor que podemos y lo necesario ,es la brecha que hace que aprendamos .
Pero tambien esa brecha ,nos tiene en estado de alerta y stress .
El gran desafio que tenemos ....seria como equilibramos para que ese tiempo de aprendizaje no nos consuma la vida y poder parar la cabeza y aprovechar los tiempos de disfrute .
Porque podemos adquirir mucho aprendizaje de como resolver situaciones , pero la vida se nos pasa y la sabiduria consiste en disfrutar el tiempo que tenemos disponible ....
Ojo que escaparnos de la realidad no sirve ,ya que nos puede dar tranquilidad por algun tiempo ,
pero ,la vida significa riesgo ,y evitar ese riesgo es empezar a morir de alguna manera .
No podemos escaparnos del desafio que tenemos los seres humanos ,que es encontrar el equilibrio entre dos extremos
MR
4/4/2015 6.15 HS
jueves, 4 de septiembre de 2014
UNA SONRISA
UNA SONRISA EN MI ROSTRO ,
NO SIGNIFICA LA AUSENCIA DE PROBLEMAS,
SI NO LA HABILIDAD DE SER FELIZ POR ENCIMA DE ELLOS.
jueves, 12 de septiembre de 2013
martes, 2 de abril de 2013
Cuando todo se derrumba....
Cuando todo se derrumba y estamos a punto de no se sabe qué, la prueba para cada uno de nosotros es quedarnos en ese punto, en ese límite, y no concretar.
El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y finalmente acceder a un lugar magnífico. De hecho, esta manera de mirar las cosas es lo que nos hace ser desgraciados. Pensar que podemos encontrar placeres duraderos y evitar el dolor es lo que en budismo se llama samsara, un ciclo sin salida que da vueltas y vueltas interminablemente y nos causa un gran sufrimiento.
La primera de las nobles verdades del Buda señala que el sufrimiento es inevitable para los seres humanos mientras pensemos que las cosas son duraderas, que no se desintegran, que podemos contar con ellas para satisfacer nuestra necesidad de seguridad. Desde este punto de vista, la única vez que podemos estar plenamente seguros de lo que está ocurriendo es cuando nos quitan la alfombra de debajo de los pies y no encontramos dónde aterrizar..
La vida es un buen maestro y un buen amigo. Con sólo que podamos darnos cuenta de ello, vemos que las cosas están siempre en transición. Nada sucede al gusto de nuestros sueños. El hecho de sentirse fuera de sitio, en un estado de descentramiento, es una situación ideal, una situación en la que ya no permanecemos atrapados y podemos abrir nuestros corazones y mentes más allá de sus anteriores límites..
Permanecer con el corazón roto, con el estómago revuelto, con el sentimiento de estar desvalido y queriendo venganza—, ésa es la senda del verdadero despertar. Adherirse a esa incertidumbre, pillarle el truco a relajarse en medio del caos, aprender a no tener pánico: ésta es la senda espiritual...
El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y finalmente acceder a un lugar magnífico. De hecho, esta manera de mirar las cosas es lo que nos hace ser desgraciados. Pensar que podemos encontrar placeres duraderos y evitar el dolor es lo que en budismo se llama samsara, un ciclo sin salida que da vueltas y vueltas interminablemente y nos causa un gran sufrimiento.
La primera de las nobles verdades del Buda señala que el sufrimiento es inevitable para los seres humanos mientras pensemos que las cosas son duraderas, que no se desintegran, que podemos contar con ellas para satisfacer nuestra necesidad de seguridad. Desde este punto de vista, la única vez que podemos estar plenamente seguros de lo que está ocurriendo es cuando nos quitan la alfombra de debajo de los pies y no encontramos dónde aterrizar..
La vida es un buen maestro y un buen amigo. Con sólo que podamos darnos cuenta de ello, vemos que las cosas están siempre en transición. Nada sucede al gusto de nuestros sueños. El hecho de sentirse fuera de sitio, en un estado de descentramiento, es una situación ideal, una situación en la que ya no permanecemos atrapados y podemos abrir nuestros corazones y mentes más allá de sus anteriores límites..
Permanecer con el corazón roto, con el estómago revuelto, con el sentimiento de estar desvalido y queriendo venganza—, ésa es la senda del verdadero despertar. Adherirse a esa incertidumbre, pillarle el truco a relajarse en medio del caos, aprender a no tener pánico: ésta es la senda espiritual...
viernes, 1 de marzo de 2013
DEJAR DE ECHAR LA CULPA
Artículo publicado en Shambhala Sun, marzo 2004
Cuando decidimos no echar la culpa —dice Mípham Rímpoche—, el mundo se abre. Comenzamos a apreciar las idiosincrasias de la vida. Tenemos más imaginación y nos volvemos más capaces de descubrir cómo avanzar con creatividad.
Estuve hace poco atascado en un control de seguridad del aeropuerto. Todo el mundo en la fila se sentía molesto por la lentitud con que se estaba pasando nuestro equipaje por los rayos X. La gente se estaba poniendo cada vez más nerviosa y empezaba a echar la culpa al personal de seguridad de nuestro retraso. Pero los hombres y las mujeres que se encontraban de servicio estaban solamente intentando hacer su trabajo y, en última instancia, no ibamos a solucionar nada culpándoles de las molestias propias de los viajes hoy en día. Me di cuenta de que sería igualmente fácil echarle la culpa a los terroristas, quienes a su vez se la echan al imperialismo occidental; y así sigue rodando la bola.
Parece que el mundo se está convirtiendo en un lugar demasiado pequeño como para que todos andemos blandiendo el arma de echar la culpa. ¿A dónde puede ir a parar todo esto? Cuando estamos desilusionados o frustados, cuando estamos sufriendo o no tenemos un buen día, tendemos a buscar un objeto para echarle la culpa. “Si sólo esto cambiara, no tendría este problema” se convierte en nuestro mantra.
Echar la culpa es un asunto delicado. Cuando tratamos de encontrar un culpable fuera de nosotros mismos, estamos fracasando en el trabajo con nuestra propia mente. En vez de mirar hacia dentro, o de tener una perspectiva mayor y ver la transparencia de toda la situación, nos airamos. “Si el taxista que iba delante de mí hubiera ido más rápido, no habría llegado tarde al tra"ajo.” “ Si otro hubiese limpiado la cocina, estaría viendo mi programa favorito de televisión en vez de tener que estar fregando este suelo.” Incluso si encontramos a alguien a quien podemos culpabilizar de nuestro dolor razonadamente, comportarnos en la vida de este modo no proporciona un verdadero alivio. Echar la culpa no hace más que sentar las bases para un mayor sufrimiento y descontento.Desde el punto de vista del meditador, mientras estemos buscando a alguien a quien culpar, nuestra mente es incapaz de calmarse. Cuando nos situamos en un marco mental en el que estamos constantemente intentando encontrar alguien o algo en el mundo a quien proyectar nuestro estado de infelicidad, haciéndole responsable de él, abandonamos la posibilidad de armonía.
Parece que el mundo se está convirtiendo en un lugar demasiado pequeño como para que todos andemos blandiendo el arma de echar la culpa. ¿A dónde puede ir a parar todo esto? Cuando estamos desilusionados o frustados, cuando estamos sufriendo o no tenemos un buen día, tendemos a buscar un objeto para echarle la culpa. “Si sólo esto cambiara, no tendría este problema” se convierte en nuestro mantra.
Echar la culpa es un asunto delicado. Cuando tratamos de encontrar un culpable fuera de nosotros mismos, estamos fracasando en el trabajo con nuestra propia mente. En vez de mirar hacia dentro, o de tener una perspectiva mayor y ver la transparencia de toda la situación, nos airamos. “Si el taxista que iba delante de mí hubiera ido más rápido, no habría llegado tarde al tra"ajo.” “ Si otro hubiese limpiado la cocina, estaría viendo mi programa favorito de televisión en vez de tener que estar fregando este suelo.” Incluso si encontramos a alguien a quien podemos culpabilizar de nuestro dolor razonadamente, comportarnos en la vida de este modo no proporciona un verdadero alivio. Echar la culpa no hace más que sentar las bases para un mayor sufrimiento y descontento.Desde el punto de vista del meditador, mientras estemos buscando a alguien a quien culpar, nuestra mente es incapaz de calmarse. Cuando nos situamos en un marco mental en el que estamos constantemente intentando encontrar alguien o algo en el mundo a quien proyectar nuestro estado de infelicidad, haciéndole responsable de él, abandonamos la posibilidad de armonía.
Echar la culpa es una forma de agresión. Buscar fuera un objeto al que podamos imputar nuestra negatividad e irritación obstaculiza nuestra capacidad de tener paz.
El camino de la meditación nos alienta a ser más grandes y más maduros, a ser más abiertos. Sugiere que nos hagamos responsables de nuestro comportamiento. Esto significa que un día tendremos simplemente que dejar de culpar al mundo.
En el camino de la meditación, reconocemos la actividad de nuestra mente de un modo muy pragmático, lo que proporciona una oportunidad de observar la actividad de la culpa. En lugar de irradiar negatividad, podemos ver que el origen real de nuestro descontento es que no estamos dispuestos a trabajar con nuestra mente. Mientras sigamos buscando un lugar al que atribuir nuestro descontento y agresión, estamos ignorando la posibilidad de desenraizarlos por medio de la sabiduría. Podríamos estar usando la mente para comprender que la agresión misma es vacía, condicionada y necia. Esto lo vemos cuando tenemos la suficiente capacidad de darnos cuenta de lo que nos pasa, y entonces dejamos de ser tan propensos al hábito de echar la culpa. Lo cual no significa que nos hagamos masoquistas y nos culpabilicemos, sino que nos damos cuenta de que el dolor y el sufrimiento —sea como sea nuestro día— son una realidad muy básica. Podemos ver que lo estamos pasando mal, que estamos sufriendo, y eso abre nuestro corazón y nuestra mente a la realidad de que, sin importar a quien encontremos para echar la culpa, ese individuo sufre también.
El Buda esbozó cuatro verdades básicas. La primera verdad es la del sufrimiento. Podemos tener la impresión de que hay personas que sufren y otras no. Pero al decir “verdad” nos referimos a que es relevante para todos, no a que sea “verdad para algunos y no para otros” o “verdad unos días sí y otros días no.” Vivimos en un mundo donde el sufrimiento es la constante. No deberíamos sorprendernos si descubrimos el dolor en nuestra vida; no deberíamos tomarlo como una ofensa personal. Todo el mundo tiene días malos, todo el mundo tiene dificultades, y culpar a otra persona no va a cambiar esa verdad. Echar la culpa es una manera de evitar esa verdad. No hemos fracasado como seres humanos si sufrimos. De hecho, el sufrimiento sienta las bases para comprendernos a nosotros mismos y para comprender a los demás.
Echar la culpa es un obstáculo en el camino hacia la apertura mental y la comprensión. Si culpamos a los demás cuando el mundo no gira a nuestro gusto, estamos creando unos estrechos parámetros en los que ha de encajar todo. No vemos otra salida para resolver nuestro problema; ninguna otra cosa servirá. Echar la culpa nos ancla al pasado y nos empequeñece. Nuestras posibilidades se limitan a una pequeña situación. ¿Dónde nos va a llevar ese camino de la culpa?
En esta época en que es tan fácil culpabilizar a otros países, a otras culturas, a otras maneras de pensar, echar la culpa solo agravará cualquier situación. Incluso cuando experimentamos un suceso sumamente doloroso y nos creemos totalmente justificados para señalar con el dedo una persona o un grupo concreto, estamos eligiendo empequeñecernos. Estamos confirmando una tendencia habitual y dificultando nuestra capacidad de crecer como seres humanos.
La madurez que cultivamos por medio de la meditación nos proporciona la base desde la cual podemos intentar comprender a los demás en vez de culparles. Recuerdo a mi padre y a otras personas de la pasada generación de lamas tibetanos diciendo que ellos no culpaban a los comunistas chinos por la destrucción del Tíbet. Creían que echar la culpa a los chinos no resolvería nada: solo entramparía a los tibetanos en el pasado. Como ha afirmado el Dalai Lama, la invasión china se convirtió en un maestro, un poderoso reto para aumentar la compasión, una oportunidad para comprender que cuando la gente hace algo que daña a los demás, ella misma está sometida al miedo y al engaño. En lugar de reconstruir en la cabeza los mismos sucesos y apuntar repetidamente la flecha de la culpabilidad a la diana que hemos elegido, también podemos decidir conscientemente girar nuestras mentes hacia algo más grande. En vez de invertir en la fijación, podemos trabajar en soltar.
En el camino de la meditación, reconocemos la actividad de nuestra mente de un modo muy pragmático, lo que proporciona una oportunidad de observar la actividad de la culpa. En lugar de irradiar negatividad, podemos ver que el origen real de nuestro descontento es que no estamos dispuestos a trabajar con nuestra mente. Mientras sigamos buscando un lugar al que atribuir nuestro descontento y agresión, estamos ignorando la posibilidad de desenraizarlos por medio de la sabiduría. Podríamos estar usando la mente para comprender que la agresión misma es vacía, condicionada y necia. Esto lo vemos cuando tenemos la suficiente capacidad de darnos cuenta de lo que nos pasa, y entonces dejamos de ser tan propensos al hábito de echar la culpa. Lo cual no significa que nos hagamos masoquistas y nos culpabilicemos, sino que nos damos cuenta de que el dolor y el sufrimiento —sea como sea nuestro día— son una realidad muy básica. Podemos ver que lo estamos pasando mal, que estamos sufriendo, y eso abre nuestro corazón y nuestra mente a la realidad de que, sin importar a quien encontremos para echar la culpa, ese individuo sufre también.
El Buda esbozó cuatro verdades básicas. La primera verdad es la del sufrimiento. Podemos tener la impresión de que hay personas que sufren y otras no. Pero al decir “verdad” nos referimos a que es relevante para todos, no a que sea “verdad para algunos y no para otros” o “verdad unos días sí y otros días no.” Vivimos en un mundo donde el sufrimiento es la constante. No deberíamos sorprendernos si descubrimos el dolor en nuestra vida; no deberíamos tomarlo como una ofensa personal. Todo el mundo tiene días malos, todo el mundo tiene dificultades, y culpar a otra persona no va a cambiar esa verdad. Echar la culpa es una manera de evitar esa verdad. No hemos fracasado como seres humanos si sufrimos. De hecho, el sufrimiento sienta las bases para comprendernos a nosotros mismos y para comprender a los demás.
Echar la culpa es un obstáculo en el camino hacia la apertura mental y la comprensión. Si culpamos a los demás cuando el mundo no gira a nuestro gusto, estamos creando unos estrechos parámetros en los que ha de encajar todo. No vemos otra salida para resolver nuestro problema; ninguna otra cosa servirá. Echar la culpa nos ancla al pasado y nos empequeñece. Nuestras posibilidades se limitan a una pequeña situación. ¿Dónde nos va a llevar ese camino de la culpa?
En esta época en que es tan fácil culpabilizar a otros países, a otras culturas, a otras maneras de pensar, echar la culpa solo agravará cualquier situación. Incluso cuando experimentamos un suceso sumamente doloroso y nos creemos totalmente justificados para señalar con el dedo una persona o un grupo concreto, estamos eligiendo empequeñecernos. Estamos confirmando una tendencia habitual y dificultando nuestra capacidad de crecer como seres humanos.
La madurez que cultivamos por medio de la meditación nos proporciona la base desde la cual podemos intentar comprender a los demás en vez de culparles. Recuerdo a mi padre y a otras personas de la pasada generación de lamas tibetanos diciendo que ellos no culpaban a los comunistas chinos por la destrucción del Tíbet. Creían que echar la culpa a los chinos no resolvería nada: solo entramparía a los tibetanos en el pasado. Como ha afirmado el Dalai Lama, la invasión china se convirtió en un maestro, un poderoso reto para aumentar la compasión, una oportunidad para comprender que cuando la gente hace algo que daña a los demás, ella misma está sometida al miedo y al engaño. En lugar de reconstruir en la cabeza los mismos sucesos y apuntar repetidamente la flecha de la culpabilidad a la diana que hemos elegido, también podemos decidir conscientemente girar nuestras mentes hacia algo más grande. En vez de invertir en la fijación, podemos trabajar en soltar.
Este proceso requiere disciplina y conduce a la alegría. Cuando vemos nuestra tendencia a echar la culpa y decidimos no hacerlo, el mundo se abre y entonces tenemos mucho más espacio en nuestra mente para maniobrar. Mientras que antes estábamos bajando por una carretera de un solo carril, ahora nos encontramos en una gran pradera. Sin las restricciones de la culpa, somos capaces de sentir nuestra inteligencia natural, nuestra compasión innata. Tenemos acceso a una fuente profunda de comprensión que puede incluso avivar nuestro sentido del humor. Comenzamos a apreciar las idiosincrasias de la vida. Tenemos más imaginación y nos volvemos más capaces de descubrir cómo avanzar con creatividad.
Se requiere confianza y valentía para no seguir el camino de la culpa. Vamos contra la corriente. Como estamos actuando desde un profundo sentido del darse cuenta de nosotros mismos, no somos tan predecibles. Los demás pueden pensar que somos estúpidos o que estamos locos; puede incluso que sorprendamos a la persona que espera que le echemos la culpa. Pero no somos estúpidos, de hecho, somos un poco más sabios. Esta mezcla de sabiduría y valentía nos capacita para estar más en paz con nosotros mismos.
Hemos hollado el camino de la compasión y la virtud. Nuestros ojos y oídos, nuestra mente y corazón, tienen más capacidad para comprender. Al tomar el camino de no echar la culpa, nos dirigimos hacia un futuro que incluye la alegría y la libertad.
Sákyong Mípham Rímpoche sucede a su padre, el difunto Chögyam Trungpa Rímpoche, como cabeza de los linajes budista y de Shambhala. Es el autor de Convertir la mente en nuestra aliada.
Sákyong Mípham Rímpoche sucede a su padre, el difunto Chögyam Trungpa Rímpoche, como cabeza de los linajes budista y de Shambhala. Es el autor de Convertir la mente en nuestra aliada.
© Mipham J. Mukpo, 2004. Reimpreso con permiso.
sábado, 16 de febrero de 2013
VIVIR COMO LAS FLORES
- Maestro, qué debo hacer para no quedarme molesto? ... Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes.
Siento odio por aquellas que son mentirosas. Sufro con aquellas que calumnian.
- Pues, viva como las flores!!!, advirtió el maestro.
- ¿Cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo
- Ponga atención a esas flores – continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín
- Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la
frescura de sus pétalos.
Siento odio por aquellas que son mentirosas. Sufro con aquellas que calumnian.
- Pues, viva como las flores!!!, advirtió el maestro.
- ¿Cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo
- Ponga atención a esas flores – continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín
- Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la
frescura de sus pétalos.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Si tus ideales no se realizan, ¿puedes ser feliz?
Podemos ver que todos tenemos ideales. Esta es una parte normal de nuestra naturaleza
humana: tener cualquier tipo de ideal de relaciones, de economía, de trabajo, de simplemente
lo que llamamos altruismo, lo que nos gustaría hacer por el mundo, cómo nos gustaría que
fuesen nuestras vidas, eso es normal.
Si tienes algún ideal, esperas obtener algo de realizarlo como: armonía, paz, satisfacción,
crecer espiritualmente, etc. Lo podemos resumir en una sola frase: Sentirme Feliz.
¿Se dan cuenta que en el fondo los ideales solo buscan sentirnos felices, útiles, satisfechos a
través de hacer algo por lo demás o hacer algo por el mundo... Que eso nos va a traer
felicidad? Es lo que suponemos... vamos a ver si es cierto...
Entonces miremos la última pregunta que es la que nos va a aterrizar en la realidad de la vida...
Si tus ideales no se realizan, ¿puedes ser feliz? ¿Quiénes encontraron que si mis ideales no se
realizan puedo ser feliz?... ¿Y los que encontraron lo contrario: si mis ideales no se realizan no
puedo ser feliz? Entonces tenemos que la mayoría piensa que aun no realizándose sus
ideales, ello no es un obstáculo para ser felices. Otros piensan: Si mis ideales no pueden
realizarse... ¡yo no podría ser feliz!
Observen bien que esas dos respuestas significan algo muy profundo a nivel espiritual: Si yo
no puedo realizar mis ideales y al no realizarlos yo no puedo ser feliz, significa que mis ideales
son un obstáculo para mi felicidad, porque si no se cumplen y no puedo ser feliz se convierte
en obstáculo para lo que vine a hacer al mundo: a ser feliz y aprender a Amar.
Pero miremos la otra respuesta. Si mis ideales no se realizan y sin embargo puedo ser feliz, en
ese caso mis ideales ni siquiera son importantes, no son necesarios.
Entonces nos damos cuenta que los ideales no son importantes, y que la cultura lo que nos ha
vendido es una cantidad de limitaciones mentales, pues nos preguntamos por qué no somos
felices, por qué no hay paz, por qué tenemos guerra, por qué tenemos problemas, y es que la
cultura nos vendió ideas falsas y yo me las creí. Cuando yo aplico a la realidad de la vida una
idea falsa obtengo un resultado que no funciona, entonces no funcionan las relaciones, no
funciona la salud, no funciona la economía, no funciona la adaptación, no funciona nada. Soy
infeliz, pero el problema está en que yo no sé hacerlo funcionar, no porque afuera haya algo
incorrecto.
Los ideales que tenemos algunos de nosotros se realizan, pero si observan con cuidado, la
mayoría no. Tenemos ideales pequeños, muy personales, de los cuales podemos realizar
algunos... Pero nuestros ideales más grandes no se realizan, porque a nosotros nos gustaría
que dejara de existir la miseria, la pobreza, la violencia, las enfermedades, muchas cosas que
difícilmente se cumplen.
Fíjense cuál es la causa del sufrimiento desde ideales. La persona soltera que está buscando
pareja, tiene en su mente un ideal de pareja. Ya se equivocó, así de sencillo. Llega a la
realidad de la vida, y encuentra que establece una relación de pareja muy lejana al ideal que
tenía... ¿Qué pasa con la persona? Entra en un estado de desilusión, en un estado de
frustración, de apatía en el mejor de los casos, o si no, en un estado de agresión, de culpar a la
otra persona porque no cumplió sus expectativas, sus ideales, “No es la persona que yo
esperaba, esto no era lo que yo quería”... Se amarga la vida –le amarga la vida a la otra
persona- y genera un proceso conflictivo que termina por lo general en una separación. ¿A qué
se debe todo eso? A que la persona idealizó algo en su mente que estaba muy lejos de la
realidad.
Ahora, debemos darnos cuenta que la resignación es una limitación mental, mientras que la
aceptación es una comprensión de la realidad del orden del universo. Por supuesto que
mientras yo no conozco el fondo -y es en lo que vamos a empezar a trabajar en este taller- yo
puedo suponer que aceptar es resignarme, mas fíjense bien: si acepto algo que no he
comprendido, no lo acepté, me resigné. Si yo de veras acepto algo, es porque lo he
comprendido y si lo he comprendido, eso me libera.
Este primer ejercicio es muy importante para entender todo el sentido de la aceptología.
Estamos diciendo algo clave: todos tenemos ideales porque la cultura nos enseñó que era
importante, nos enseñó a plantear objetivos, a trazarnos metas. Nos dijo: “Usted tiene que
tener propósitos concretos, objetivos específicos, y usted tiene que trabajar para cumplirlos...”
El resultado que estamos nosotros verificando en la humanidad entera de este principio, es
absolutamente lamentable porque lo que estamos viendo son sufrimientos, angustias, estrés,
frustraciones, guerras conflictos, porque no se cumplen los ideales que tenemos en nuestra
mente.
¿A qué creen que los estoy invitando en este primer ejercicio? A aceptar que idealizar significa
no aceptar la realidad del universo, y cuando yo no acepto algo, el resultado de la no
aceptación tiene un solo nombre: Sufrimiento, Culpa, Angustia, Agresión, porque yo culpo a los
demás de que las cosas no me funcionan o me culpo a mí mismo de que no soy capaz; en
ambos casos estoy cometiendo error doble. Ni los demás son culpables ni yo tampoco, hay
algo más simple que eso: no sé cómo ser feliz y como no sé cómo ser feliz, trato de cambiar
lo de afuera para sentirme feliz pero me estrello porque no puedo cambiarlo, porque lo que
quiero no es el orden del universo. Ahí LA LEY aparece. ¿Qué necesitaría hacer yo para
solucionar este problema?... ¡Renunciar a cambiar el orden del universo! Por eso vamos a
hablar más adelante de la renuncia. Fíjense en algo, ahora mismo... Nuestra mente se resiste a
aceptar no tener ideales... Eso significa que yo me resisto a ser feliz.
¿Saben ustedes a qué vinimos al mundo? A dos cosas: a algo interno que se llama Aprender
a Ser Feliz por Mí Mismo. La parte externa es a Aprender a Amar a los demás y a Servirles
así como son, sin tratar de cambiarlos, porque si yo trato de cambiar a alguien no lo
estoy amando, lo estoy rechazando, entonces son solamente dos propósitos los del
Universo: Ser feliz por mí mismo y aprender a Amar y a Servir.
Me gustaría decirles que una persona que no es capaz de ser feliz por sí misma, siempre, es
una persona que tiene ideales porque está idealizando e imaginándose que hay otras
personas, otras circunstancias, otros lugares con los cuales él podría ser feliz, o como suele
pensar el ego... “me podrían hacer feliz”.
Les aseguro algo... no hay ninguna persona que te pueda hacer feliz a ti, a menos que seas tú
mismo. No hay ninguna situación que te pueda hacer feliz a ti mismo a menos que la valores.
No hay ningún lugar que te pueda hacer feliz, a menos que te adaptes a él. Por lo tanto,
mientras yo no acepto la realidad de la vida como un orden perfecto, no puedo ser feliz, y el
problema está dentro de mí, no está afuera. Yo no acepto lo que sucede y ese es el principio
fundamental en que se basa esta nueva ciencia, la Aceptología.
Una persona que no es capaz de ser feliz por sí misma es un verdadero peligro social, porque
cuando yo no soy capaz de ser feliz por mí mismo, entonces yo supongo que los demás son
los que me van a hacer feliz. Los demás pueden llamarse pareja, hijos, padres, gobierno,
compañeros, amigos, vecinos, circunstancias de la vida... Esas expectativas no se cumplen
porque la felicidad no la voy encontrar afuera sino adentro, ese es mi primer error.
Hablemos de una relación: cuando la otra persona no cumple tus expectativas de hacerte feliz
a ti, ¿qué sientes hacia esa persona? La culpas de que no es capaz de hacerte feliz, y “cómo
no eres capaz, tienes la culpa de que yo no sea feliz. Y como tienes la culpa, mereces castigo y
como mereces castigo, yo te agredo y ahí empieza la guerra...” ¿Se dan cuenta que es un
peligro para los demás quien no sabe ser feliz?
Entonces a ustedes, ¿qué les gustaría: aprender a ser felices por ustedes mismos o seguir
sufriendo el resto de la vida hasta que lo aprendan? La vida no deja más opciones porque si
no, nosotros no evolucionaríamos, y de evolucionar es que se trata la experiencia como ser
humano.
El sufrimiento produce una situación que se llama saturación de sufrimiento. Cuando te saturas
del sufrimiento, de la angustia, y dices, “¡No quiero sufrir más!” sin embargo, “NADIE
PUEDE HACERTE FELIZ A MENOS QUE TÚ MISMO LO HAGAS”.
Cuando yo no soy capaz de ser feliz por mí mismo y espero que alguien me haga feliz y me
relaciono con alguien, ¿qué estoy compartiendo? Estoy compartiendo mi limitación y mis
expectativas y la otra persona está haciendo lo mismo, ¿saben cuál es el resultado de eso? Un
choque violento de conceptos y de creencias, de no-aceptación, que produce un gigantesco
conflicto que se llama desacuerdo, guerra, violencia, desarmonía... ¿De dónde surge? Surge
de que yo tengo ideales.
Voy a hablar un poco más de relaciones e ideales. A consultarme viene una persona que no
tiene pareja y me dice, ”Me siento muy mal porque estoy en angustia, en carencia, en soledad,
y yo quisiera tener alguien con quien compartir mi vida...“ Mi primera pregunta es, ¿Cómo te
imaginas a esa persona?, entonces hace un estereotipo mental de lo que se ha imaginado, y
yo le respondo algo muy simple... “Mira, ya te equivocaste. Primero porque tu imagen mental
no es real. Segundo, porque tu imagen mental es totalmente egoísta, y tercero, porque tú
aspiras a que alguien te haga feliz: Ya tienes tres errores encima. Egoísta porque yo estoy
pensando que alguien se adapte totalmente a mí para que me haga feliz a mí. No estoy
pensando en hacer nada por la otra persona; ese es el problema del estereotipo idealizado.
Ignorancia, porque no existe ninguna persona “perfecta”. Todos somos hijos de Dios, perfectos
en espíritu. Pero perfección, de acuerdo a nuestro ideal estereotipado, no existe. Existen
personas compatibles pero no iguales. Entonces ya me equivoqué en el segundo punto. Y por
supuesto que si yo no soy capaz de aceptar a otra persona como es, porque ya tengo una
persona en mi mente que no existe, entonces voy a entrar en un nivel de desilusión y al no
saber de dónde viene el problema, voy a culpar al otro...”
¿Cómo se soluciona el problema?... No tengan ideales... ustedes dirán, “Si no tengo ideales,
¿entonces cómo me muevo en la vida? ¿Con qué voy a reemplazar los ideales?...”
Los ideales los vamos reemplazar por algo más sencillo, más hermoso y muchísimo más
eficiente que son dos cosas:
Valora tu capacidad de ser feliz por ti mismo.
Valora todo lo que la vida te ha dado porque eso es suficiente para ser feliz.
Ahí ya entras a la vida con el pie derecho... mientras se siga idealizando encontraremos esto:
Tened una expectativa y obtendréis una desilusión... Para no tener desilusiones es mejor no
tener expectativas. Es decir, para no tener sufrimiento, no tengan ideales. Simplemente
disfruten de lo que la vida va presentando, y aprendan a verificar lo que corresponde y lo que
no corresponde.
Al entrar en este primer ejercicio de Aceptología, se nos desmoronan una cantidad de cosas:
las metas, los objetivos, los ideales, todos esos procesos que nos enseñó la cultura se
desmoronan cuando comprendemos esto, ¿con qué los vamos a reemplazar? Los vamos a
reemplazar por una sola cosa. Por un propósito que es un proceso de desarrollo espiritual que
llamamos: TENGO EL PROPOSITO DE SER FELIZ.
¿Metas? No necesito tenerlas. Lo que necesito es ACTUAR. Actuar con sabiduría con lo que la
vida me está dando en este mismo momento.
Voy a poner una diferencia entre propósito y meta, solamente para ponernos de acuerdo en los
términos. El término, puede tener cualquier acepción que ustedes quieran darle...
Imagínense que hay una persona en un lugar cualquiera y tiene frente a él cuatro caminos:
norte, sur, oriente y occidente. No conoce ninguno. La persona dice, “Yo tengo la meta, el
objetivo, de caminar hacia el norte”. La persona de pronto no sabe que su función no está hacia
el norte, sino hacia el sur. No lo sabe; tiene que descubrirlo. Entonces empieza a caminar hacia
el norte, y se encuentra con obstáculos porque ese no es el camino que a él le corresponde,
pero como lo tiene como objetivo, entonces lucha, pelea, se empeña, y dice que hay que
ponerle constancia y no le está poniendo constancia sino terquedad, porque tiene un objetivo:
llegar al norte. Ahora, imagínense que la persona tiene el propósito de descubrir cuál es el
camino el que le corresponde, dónde puede desarrollar su función, y puede ser feliz
encontrándolo... Si la persona tiene el propósito de descubrir cuál es su camino y no la meta o
el objetivo de ir por un camino, ¿es diferente o es igual? Bien diferente es, ¿cierto? Porque la
persona que tiene el propósito de encontrar el camino, es la que está dispuesta a dejarse guiar,
está abierta. Entonces listo, no sabe; camina hacia al norte y encuentra dificultades, conflictos.
Entonces camina hacia el sur, y cuando encuentre el camino que le fluye dice, “Este sí es mi
camino. Entonces se liberó. ¿Qué fue lo que hizo? Aceptó que los objetivos y las metas rígidas
no sirven para ser feliz, porque no le permiten ubicar cuál es el camino que le corresponde en
la vida.
La incertidumbre, si la reconocemos en el valor que tiene, significa: Yo No Sé.
Escojan una de estas dos frases: -Yo no sé (puede ser una evaluación de mí mismo en un
momento dado –tengo una incertidumbre) pero como les parece esta otra: -Yo Creo que Sé
(creo que tengo una certeza).
Si parto de la segunda respuesta, me vuelvo terco... porque, “Yo sé como se arregla el mundo,
yo sé que es lo que los demás necesitan, yo sé cómo hacer que los demás sean felices...” Y
no tiene ni idea, porque si el mismo no es feliz, entonces no sabe nada. Mientras yo no haya
obtenido un resultado para mí, verificado por mí mismo, no sé nada. Noten que es mejor
tener la incertidumbre que me permite descubrir la verdad, que la certeza de la ignorancia...
“Yo creo que sé”, es grave... porque implica que la persona no está dispuesta a cambiar. Dice,
“Yo creo que ese es mi camino”, y se va por allí sin escuchar a la vida que le está diciendo que
no.
Esta duda se resuelve con algo que se puede medir. Midan el resultado... los resultados son
medibles, ¿o no? ¿Los ideales son medibles? No. Los ideales no son medibles, los resultados
de la acción sí, por lo tanto, los ideales son una cuestión del ego, de la ignorancia.
Volvamos al ejemplo de los cuatro caminos y los puntos cardinales. La persona actúa con un
propósito de descubrir su camino, no de ser terco. El resultado le muestra si ese es el camino o
no. A lo que no funciona, ¿cómo lo llamamos? Lo llamamos fracaso... y lo llamamos
problemas... ustedes pueden verificar resultados en problemas de las relaciones. Ese es un
resultado. Los problemas de salud, económicos, de ubicación, son otros resultados. Si yo
obtengo esos resultados, estoy usando ignorancia e ideales. Si mis resultados son que no
tengo problemas de relaciones, de salud, económicos, ni de educación, esos resultados me
indican que estoy usando sabiduría.
Si los ideales a ustedes les traen problemas, cuando no se cumplen, ¿qué están usando? ¿Se
dan cuenta que cuando una persona no está satisfecha con el hijo, con la pareja, con el
compañero de trabajo, con el vecino, es porque lo tenía idealizado y obviamente ese ideal no
es real, es un ideal egoísta que no se va a cumplir? Como no se cumplió, en lugar de decir “el
problema es mío”, entonces lo que hace es culpar a la persona que no le cumplió sus
expectativas, hasta ahí llega la paz de esa persona.
Vamos a observar ahora una secuencia:
Mis ideales se oponen a mi propósito general porque no me permiten ser feliz ni amar. No me
permiten ser feliz porque no se cumplen mis expectativas, y no me permiten amar porque si yo
no acepto a los demás como son, y si yo no acepto al mundo y al universo como están
organizados, no puedo tener paz. Es decir, que no amo a algo, o no amo a alguien, si no lo
acepto. Y lo que hago cuando no lo acepto, es querer cambiarlo o modificarlo... y no aceptarlo
es lo mismo que no comprenderlo y no amarlo. Si tú quieres cambiar a alguien, no lo amas. Si
le das herramientas para que él cambie, sin generar expectativas, sí lo amas. Pero, ¿cómo
sabes lo que los demás tienen que cambiar? ¡No lo sabes! Sólo sabes lo que tú tienes que
cambiar.
Idealizar es no aceptar la realidad. ¿Qué es lo que idealizas? Pues lo que no está sucediendo.
Necesito renunciar a idealizar y empezar a trabajar con la realidad del universo, con mi
propia realidad.
humana: tener cualquier tipo de ideal de relaciones, de economía, de trabajo, de simplemente
lo que llamamos altruismo, lo que nos gustaría hacer por el mundo, cómo nos gustaría que
fuesen nuestras vidas, eso es normal.
Si tienes algún ideal, esperas obtener algo de realizarlo como: armonía, paz, satisfacción,
crecer espiritualmente, etc. Lo podemos resumir en una sola frase: Sentirme Feliz.
¿Se dan cuenta que en el fondo los ideales solo buscan sentirnos felices, útiles, satisfechos a
través de hacer algo por lo demás o hacer algo por el mundo... Que eso nos va a traer
felicidad? Es lo que suponemos... vamos a ver si es cierto...
Entonces miremos la última pregunta que es la que nos va a aterrizar en la realidad de la vida...
Si tus ideales no se realizan, ¿puedes ser feliz? ¿Quiénes encontraron que si mis ideales no se
realizan puedo ser feliz?... ¿Y los que encontraron lo contrario: si mis ideales no se realizan no
puedo ser feliz? Entonces tenemos que la mayoría piensa que aun no realizándose sus
ideales, ello no es un obstáculo para ser felices. Otros piensan: Si mis ideales no pueden
realizarse... ¡yo no podría ser feliz!
Observen bien que esas dos respuestas significan algo muy profundo a nivel espiritual: Si yo
no puedo realizar mis ideales y al no realizarlos yo no puedo ser feliz, significa que mis ideales
son un obstáculo para mi felicidad, porque si no se cumplen y no puedo ser feliz se convierte
en obstáculo para lo que vine a hacer al mundo: a ser feliz y aprender a Amar.
Pero miremos la otra respuesta. Si mis ideales no se realizan y sin embargo puedo ser feliz, en
ese caso mis ideales ni siquiera son importantes, no son necesarios.
Entonces nos damos cuenta que los ideales no son importantes, y que la cultura lo que nos ha
vendido es una cantidad de limitaciones mentales, pues nos preguntamos por qué no somos
felices, por qué no hay paz, por qué tenemos guerra, por qué tenemos problemas, y es que la
cultura nos vendió ideas falsas y yo me las creí. Cuando yo aplico a la realidad de la vida una
idea falsa obtengo un resultado que no funciona, entonces no funcionan las relaciones, no
funciona la salud, no funciona la economía, no funciona la adaptación, no funciona nada. Soy
infeliz, pero el problema está en que yo no sé hacerlo funcionar, no porque afuera haya algo
incorrecto.
Los ideales que tenemos algunos de nosotros se realizan, pero si observan con cuidado, la
mayoría no. Tenemos ideales pequeños, muy personales, de los cuales podemos realizar
algunos... Pero nuestros ideales más grandes no se realizan, porque a nosotros nos gustaría
que dejara de existir la miseria, la pobreza, la violencia, las enfermedades, muchas cosas que
difícilmente se cumplen.
Fíjense cuál es la causa del sufrimiento desde ideales. La persona soltera que está buscando
pareja, tiene en su mente un ideal de pareja. Ya se equivocó, así de sencillo. Llega a la
realidad de la vida, y encuentra que establece una relación de pareja muy lejana al ideal que
tenía... ¿Qué pasa con la persona? Entra en un estado de desilusión, en un estado de
frustración, de apatía en el mejor de los casos, o si no, en un estado de agresión, de culpar a la
otra persona porque no cumplió sus expectativas, sus ideales, “No es la persona que yo
esperaba, esto no era lo que yo quería”... Se amarga la vida –le amarga la vida a la otra
persona- y genera un proceso conflictivo que termina por lo general en una separación. ¿A qué
se debe todo eso? A que la persona idealizó algo en su mente que estaba muy lejos de la
realidad.
Ahora, debemos darnos cuenta que la resignación es una limitación mental, mientras que la
aceptación es una comprensión de la realidad del orden del universo. Por supuesto que
mientras yo no conozco el fondo -y es en lo que vamos a empezar a trabajar en este taller- yo
puedo suponer que aceptar es resignarme, mas fíjense bien: si acepto algo que no he
comprendido, no lo acepté, me resigné. Si yo de veras acepto algo, es porque lo he
comprendido y si lo he comprendido, eso me libera.
Este primer ejercicio es muy importante para entender todo el sentido de la aceptología.
Estamos diciendo algo clave: todos tenemos ideales porque la cultura nos enseñó que era
importante, nos enseñó a plantear objetivos, a trazarnos metas. Nos dijo: “Usted tiene que
tener propósitos concretos, objetivos específicos, y usted tiene que trabajar para cumplirlos...”
El resultado que estamos nosotros verificando en la humanidad entera de este principio, es
absolutamente lamentable porque lo que estamos viendo son sufrimientos, angustias, estrés,
frustraciones, guerras conflictos, porque no se cumplen los ideales que tenemos en nuestra
mente.
¿A qué creen que los estoy invitando en este primer ejercicio? A aceptar que idealizar significa
no aceptar la realidad del universo, y cuando yo no acepto algo, el resultado de la no
aceptación tiene un solo nombre: Sufrimiento, Culpa, Angustia, Agresión, porque yo culpo a los
demás de que las cosas no me funcionan o me culpo a mí mismo de que no soy capaz; en
ambos casos estoy cometiendo error doble. Ni los demás son culpables ni yo tampoco, hay
algo más simple que eso: no sé cómo ser feliz y como no sé cómo ser feliz, trato de cambiar
lo de afuera para sentirme feliz pero me estrello porque no puedo cambiarlo, porque lo que
quiero no es el orden del universo. Ahí LA LEY aparece. ¿Qué necesitaría hacer yo para
solucionar este problema?... ¡Renunciar a cambiar el orden del universo! Por eso vamos a
hablar más adelante de la renuncia. Fíjense en algo, ahora mismo... Nuestra mente se resiste a
aceptar no tener ideales... Eso significa que yo me resisto a ser feliz.
¿Saben ustedes a qué vinimos al mundo? A dos cosas: a algo interno que se llama Aprender
a Ser Feliz por Mí Mismo. La parte externa es a Aprender a Amar a los demás y a Servirles
así como son, sin tratar de cambiarlos, porque si yo trato de cambiar a alguien no lo
estoy amando, lo estoy rechazando, entonces son solamente dos propósitos los del
Universo: Ser feliz por mí mismo y aprender a Amar y a Servir.
Me gustaría decirles que una persona que no es capaz de ser feliz por sí misma, siempre, es
una persona que tiene ideales porque está idealizando e imaginándose que hay otras
personas, otras circunstancias, otros lugares con los cuales él podría ser feliz, o como suele
pensar el ego... “me podrían hacer feliz”.
Les aseguro algo... no hay ninguna persona que te pueda hacer feliz a ti, a menos que seas tú
mismo. No hay ninguna situación que te pueda hacer feliz a ti mismo a menos que la valores.
No hay ningún lugar que te pueda hacer feliz, a menos que te adaptes a él. Por lo tanto,
mientras yo no acepto la realidad de la vida como un orden perfecto, no puedo ser feliz, y el
problema está dentro de mí, no está afuera. Yo no acepto lo que sucede y ese es el principio
fundamental en que se basa esta nueva ciencia, la Aceptología.
Una persona que no es capaz de ser feliz por sí misma es un verdadero peligro social, porque
cuando yo no soy capaz de ser feliz por mí mismo, entonces yo supongo que los demás son
los que me van a hacer feliz. Los demás pueden llamarse pareja, hijos, padres, gobierno,
compañeros, amigos, vecinos, circunstancias de la vida... Esas expectativas no se cumplen
porque la felicidad no la voy encontrar afuera sino adentro, ese es mi primer error.
Hablemos de una relación: cuando la otra persona no cumple tus expectativas de hacerte feliz
a ti, ¿qué sientes hacia esa persona? La culpas de que no es capaz de hacerte feliz, y “cómo
no eres capaz, tienes la culpa de que yo no sea feliz. Y como tienes la culpa, mereces castigo y
como mereces castigo, yo te agredo y ahí empieza la guerra...” ¿Se dan cuenta que es un
peligro para los demás quien no sabe ser feliz?
Entonces a ustedes, ¿qué les gustaría: aprender a ser felices por ustedes mismos o seguir
sufriendo el resto de la vida hasta que lo aprendan? La vida no deja más opciones porque si
no, nosotros no evolucionaríamos, y de evolucionar es que se trata la experiencia como ser
humano.
El sufrimiento produce una situación que se llama saturación de sufrimiento. Cuando te saturas
del sufrimiento, de la angustia, y dices, “¡No quiero sufrir más!” sin embargo, “NADIE
PUEDE HACERTE FELIZ A MENOS QUE TÚ MISMO LO HAGAS”.
Cuando yo no soy capaz de ser feliz por mí mismo y espero que alguien me haga feliz y me
relaciono con alguien, ¿qué estoy compartiendo? Estoy compartiendo mi limitación y mis
expectativas y la otra persona está haciendo lo mismo, ¿saben cuál es el resultado de eso? Un
choque violento de conceptos y de creencias, de no-aceptación, que produce un gigantesco
conflicto que se llama desacuerdo, guerra, violencia, desarmonía... ¿De dónde surge? Surge
de que yo tengo ideales.
Voy a hablar un poco más de relaciones e ideales. A consultarme viene una persona que no
tiene pareja y me dice, ”Me siento muy mal porque estoy en angustia, en carencia, en soledad,
y yo quisiera tener alguien con quien compartir mi vida...“ Mi primera pregunta es, ¿Cómo te
imaginas a esa persona?, entonces hace un estereotipo mental de lo que se ha imaginado, y
yo le respondo algo muy simple... “Mira, ya te equivocaste. Primero porque tu imagen mental
no es real. Segundo, porque tu imagen mental es totalmente egoísta, y tercero, porque tú
aspiras a que alguien te haga feliz: Ya tienes tres errores encima. Egoísta porque yo estoy
pensando que alguien se adapte totalmente a mí para que me haga feliz a mí. No estoy
pensando en hacer nada por la otra persona; ese es el problema del estereotipo idealizado.
Ignorancia, porque no existe ninguna persona “perfecta”. Todos somos hijos de Dios, perfectos
en espíritu. Pero perfección, de acuerdo a nuestro ideal estereotipado, no existe. Existen
personas compatibles pero no iguales. Entonces ya me equivoqué en el segundo punto. Y por
supuesto que si yo no soy capaz de aceptar a otra persona como es, porque ya tengo una
persona en mi mente que no existe, entonces voy a entrar en un nivel de desilusión y al no
saber de dónde viene el problema, voy a culpar al otro...”
¿Cómo se soluciona el problema?... No tengan ideales... ustedes dirán, “Si no tengo ideales,
¿entonces cómo me muevo en la vida? ¿Con qué voy a reemplazar los ideales?...”
Los ideales los vamos reemplazar por algo más sencillo, más hermoso y muchísimo más
eficiente que son dos cosas:
Valora tu capacidad de ser feliz por ti mismo.
Valora todo lo que la vida te ha dado porque eso es suficiente para ser feliz.
Ahí ya entras a la vida con el pie derecho... mientras se siga idealizando encontraremos esto:
Tened una expectativa y obtendréis una desilusión... Para no tener desilusiones es mejor no
tener expectativas. Es decir, para no tener sufrimiento, no tengan ideales. Simplemente
disfruten de lo que la vida va presentando, y aprendan a verificar lo que corresponde y lo que
no corresponde.
Al entrar en este primer ejercicio de Aceptología, se nos desmoronan una cantidad de cosas:
las metas, los objetivos, los ideales, todos esos procesos que nos enseñó la cultura se
desmoronan cuando comprendemos esto, ¿con qué los vamos a reemplazar? Los vamos a
reemplazar por una sola cosa. Por un propósito que es un proceso de desarrollo espiritual que
llamamos: TENGO EL PROPOSITO DE SER FELIZ.
¿Metas? No necesito tenerlas. Lo que necesito es ACTUAR. Actuar con sabiduría con lo que la
vida me está dando en este mismo momento.
Voy a poner una diferencia entre propósito y meta, solamente para ponernos de acuerdo en los
términos. El término, puede tener cualquier acepción que ustedes quieran darle...
Imagínense que hay una persona en un lugar cualquiera y tiene frente a él cuatro caminos:
norte, sur, oriente y occidente. No conoce ninguno. La persona dice, “Yo tengo la meta, el
objetivo, de caminar hacia el norte”. La persona de pronto no sabe que su función no está hacia
el norte, sino hacia el sur. No lo sabe; tiene que descubrirlo. Entonces empieza a caminar hacia
el norte, y se encuentra con obstáculos porque ese no es el camino que a él le corresponde,
pero como lo tiene como objetivo, entonces lucha, pelea, se empeña, y dice que hay que
ponerle constancia y no le está poniendo constancia sino terquedad, porque tiene un objetivo:
llegar al norte. Ahora, imagínense que la persona tiene el propósito de descubrir cuál es el
camino el que le corresponde, dónde puede desarrollar su función, y puede ser feliz
encontrándolo... Si la persona tiene el propósito de descubrir cuál es su camino y no la meta o
el objetivo de ir por un camino, ¿es diferente o es igual? Bien diferente es, ¿cierto? Porque la
persona que tiene el propósito de encontrar el camino, es la que está dispuesta a dejarse guiar,
está abierta. Entonces listo, no sabe; camina hacia al norte y encuentra dificultades, conflictos.
Entonces camina hacia el sur, y cuando encuentre el camino que le fluye dice, “Este sí es mi
camino. Entonces se liberó. ¿Qué fue lo que hizo? Aceptó que los objetivos y las metas rígidas
no sirven para ser feliz, porque no le permiten ubicar cuál es el camino que le corresponde en
la vida.
La incertidumbre, si la reconocemos en el valor que tiene, significa: Yo No Sé.
Escojan una de estas dos frases: -Yo no sé (puede ser una evaluación de mí mismo en un
momento dado –tengo una incertidumbre) pero como les parece esta otra: -Yo Creo que Sé
(creo que tengo una certeza).
Si parto de la segunda respuesta, me vuelvo terco... porque, “Yo sé como se arregla el mundo,
yo sé que es lo que los demás necesitan, yo sé cómo hacer que los demás sean felices...” Y
no tiene ni idea, porque si el mismo no es feliz, entonces no sabe nada. Mientras yo no haya
obtenido un resultado para mí, verificado por mí mismo, no sé nada. Noten que es mejor
tener la incertidumbre que me permite descubrir la verdad, que la certeza de la ignorancia...
“Yo creo que sé”, es grave... porque implica que la persona no está dispuesta a cambiar. Dice,
“Yo creo que ese es mi camino”, y se va por allí sin escuchar a la vida que le está diciendo que
no.
Esta duda se resuelve con algo que se puede medir. Midan el resultado... los resultados son
medibles, ¿o no? ¿Los ideales son medibles? No. Los ideales no son medibles, los resultados
de la acción sí, por lo tanto, los ideales son una cuestión del ego, de la ignorancia.
Volvamos al ejemplo de los cuatro caminos y los puntos cardinales. La persona actúa con un
propósito de descubrir su camino, no de ser terco. El resultado le muestra si ese es el camino o
no. A lo que no funciona, ¿cómo lo llamamos? Lo llamamos fracaso... y lo llamamos
problemas... ustedes pueden verificar resultados en problemas de las relaciones. Ese es un
resultado. Los problemas de salud, económicos, de ubicación, son otros resultados. Si yo
obtengo esos resultados, estoy usando ignorancia e ideales. Si mis resultados son que no
tengo problemas de relaciones, de salud, económicos, ni de educación, esos resultados me
indican que estoy usando sabiduría.
Si los ideales a ustedes les traen problemas, cuando no se cumplen, ¿qué están usando? ¿Se
dan cuenta que cuando una persona no está satisfecha con el hijo, con la pareja, con el
compañero de trabajo, con el vecino, es porque lo tenía idealizado y obviamente ese ideal no
es real, es un ideal egoísta que no se va a cumplir? Como no se cumplió, en lugar de decir “el
problema es mío”, entonces lo que hace es culpar a la persona que no le cumplió sus
expectativas, hasta ahí llega la paz de esa persona.
Vamos a observar ahora una secuencia:
Mis ideales se oponen a mi propósito general porque no me permiten ser feliz ni amar. No me
permiten ser feliz porque no se cumplen mis expectativas, y no me permiten amar porque si yo
no acepto a los demás como son, y si yo no acepto al mundo y al universo como están
organizados, no puedo tener paz. Es decir, que no amo a algo, o no amo a alguien, si no lo
acepto. Y lo que hago cuando no lo acepto, es querer cambiarlo o modificarlo... y no aceptarlo
es lo mismo que no comprenderlo y no amarlo. Si tú quieres cambiar a alguien, no lo amas. Si
le das herramientas para que él cambie, sin generar expectativas, sí lo amas. Pero, ¿cómo
sabes lo que los demás tienen que cambiar? ¡No lo sabes! Sólo sabes lo que tú tienes que
cambiar.
Idealizar es no aceptar la realidad. ¿Qué es lo que idealizas? Pues lo que no está sucediendo.
Necesito renunciar a idealizar y empezar a trabajar con la realidad del universo, con mi
propia realidad.
jueves, 8 de noviembre de 2012
EL ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS
El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja
granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora
eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y luego su antiguo
camión se negó a arrancar.
Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me
invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo
brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con
ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación.
Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos
y le dio un beso a su esposa.
Posteriormente me acompañó hasta mi automóvil. Cuando pasamos cerca del
árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer
un rato antes.
“Oh, ese es mi árbol de problemas”, contestó. Sé que yo no puedo evitar
tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no
pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente
los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana
los recojo otra vez.
Lo divertido es, añadió sonriendo, que cuando salgo en la mañana a
recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche
anterior…
DESCONOCIDO
granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora
eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y luego su antiguo
camión se negó a arrancar.
Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me
invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo
brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con
ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación.
Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos
y le dio un beso a su esposa.
Posteriormente me acompañó hasta mi automóvil. Cuando pasamos cerca del
árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer
un rato antes.
“Oh, ese es mi árbol de problemas”, contestó. Sé que yo no puedo evitar
tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no
pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente
los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana
los recojo otra vez.
Lo divertido es, añadió sonriendo, que cuando salgo en la mañana a
recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche
anterior…
DESCONOCIDO
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