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lunes, 22 de agosto de 2011

AGRESORES EN EL CAMINO

            Los envidiosos molestan, ridiculizan y parecen destacar, pero su amargura tarde o temprano los hace caer. Nadie triunfa siguiendo el juego a los mediocres.

            Si te igualas a los sapos, dejarás de ocuparte en tu crecimiento y acabarás saltando con ellos en el lodo.

domingo, 21 de agosto de 2011

PARÁBOLA DEL RASCACIELOS


            La vida puede compararse con un enorme rascacielos al que debemos subir. Los seres humanos iniciamos en uno u otro piso nuestro ascenso, según el nivel en el que nacemos, pero aun los privilegiados se hallan en estratos bajos pues el rascacielos es altísimo.
            En cada piso hay dos zonas perfectamente diferenciadas: la estancia de distracciones, repleta de amigos, camas, televisores, fiestas y juegos; y un amplio salón lleno de talleres y mesas de estudio. Ante ambos se encuentra el túnel de los elevadores. Cuando se abre la puerta de uno, muchas personas suelen saltar y correr hacia ella. Rápidamente se hace una fila. El operador formula entonces una pregunta a la persona que llegó primero. Si no  sabe la respuesta correcta se le descarta y se hace la pregunta a la siguiente persona. Así se continúa hasta  hallar a la que tiene los conocimientos requeridos; a ésta se le transporta a un piso superior. Algunos, decepcionados, regresan a la estancia de distracciones, otros se quedan en el túnel para volver a intentarlo.
            Hay quienes se la pasan caminando, buscando que los elevadores se abran, pero sin trabajar ni estudiar, de modo que jamás suben porque no adquieren los conocimientos exigidos. Otros, por el contrario, laboran en los talleres y están tan entretenidos que no se ponen de pie cuando el elevador se abre. Estos, aunque tienen los conocimientos, son demasiado timoratos para ser elegidos.
            La persona que logra subir, se encuentra con que la estancia de distracciones del nuevo piso es más atractiva aún que en las inferiores. De la misma forma los talleres y mesas de estudio muestran mayor dificultad; por eso, cuanto más alto es el piso, hay menos candidatos para subir cada vez que se abre un elevador.
            Algunos, frustrados, amagan al elevadorcita y suben los pisos a la fuerza. Es una pena. Al llegar arriba son arrojados por la ventana. Los que se quedan abajo, a veces difaman  y se burlan de los que suben diciendo que tienen buena suerte.
            Si “suerte” significa poseer los conocimientos necesarios y, al mismo tiempo, tener la agilidad para ponerse frente a la puerta que se abre, efectivamente, los grandes hombres han tenido buena suerte.  

LEY DE LAS ZONAS DE EQUILIBRIO

            El equilibrio es la clave de la felicidad. La vida de los seres humanos consiste en mantener el equilibrio perfecto de sus zonas de atención.

            EQUILIBRIO EMOCIONAL
            Se consigue al vivir con alegría, confianza y paz interior. La armonía se rompe y la persona se inmoviliza, cuando hay emociones negativas como miedo, ira, rencor, celos o tristeza.

            EQUILIBRIO DE APRENDIZAJE
            Se alcanza con el crecimiento intelectual sostenido. Atendemos esta zona al leer, estudiar, experimentar, investigar y ensayar con la finalidad de ser mejores. La monotonía y el aburrimiento rompen el equilibrio de esta zona.

            CONQUISTANDO ZONAS SUPERIORES

             Ante el desequilibrio de una zona básica, será difícil atender otra zona superior. Por ejemplo, un niño enfermo ( física), atemorizado ( emocional) o rechazado ( aprobatoria ), no podrá escuchar a su profesora en la escuela ( aprendizaje).

LEY DEL PERDON --Carlos Cuauhtemoc Sanchez

            Perdonar es un acto liberador, exclusivo de los seres espiritualmente superiores.


IRA, RENCOR O PERDON


            La ira es un fuego que quema repentinamente como reflejo sano de todo ser humano que ha sido afectado por otro.

            Es normal enfadarse con los demás, con uno mismo y hasta con Dios; sin embargo, el fuego de la ira debe consumirse hasta las cenizas del perdón.

            Si la ira no culmina en perdón, desemboca en rencor. El rencor es la ira crónica. Las personas llenas de rencor llegan a calumniar, a golpear e incluso a asesinar.

            El perdón verdadero son las cenizas de la ira extinta.

            Se ha perdonado cuando ya no se sienten deseos de venganza, cuando se recuerda el ayer con nostalgia pero sin tratar de encontrar culpables.

            El perdón es la aceptación pacífica de los hechos, la conciencia de que todo lo ocurrido nos ha dado mayor madurez, la renovación del amor propio y del amor a Dios.


TERAPIA LIBERADORA


            La mejor manera de extraer de nuestra alma el veneno que nos inyecta otras personas es perdonado.

            Quien perdona no le hace ningún favor a su agresor, se lo hace a sí mismo.

PROCESO DEL PERDON


Para perdonar se requiere:

  1. Enfrentar  abiertamente el dolor. Reconocer con humildad que estamos heridos, pues alguien nos afectó injustamente y ese daño nos causa enorme sufrimiento.
  2. Evaluar el costo de aquello que perdimos. Hacer un recuento real y reconocer el valor de cuanto nos quitaron.
  3. Regalar lo que perdimos. Volvernos mentalmente amigos del agresor, tratar de comprender sus razones y decirle con nuestro pensamiento: “Lo que me quitaste, te lo regalo; no lo mereces, pero te lo doy; es tuyo, no me debes nada.” Esto nos conduce al verdadero perdón, es el último dígito de la combinación, sin él no hay nada; con él todo.

UN REGALO


            El amor real no es un premio. El amor es un regalo. Perdonar es un acto de amor, por lo tanto, el perdón es, también, un obsequio.

            Resulta imposible perdonar al ofensor después de hacerle pagar su error. Se perdona antes de cobrarle o no hay perdón.

            A un hombre que cumplió su condena, después de diez años en la cárcel, nadie puede decirle: “estás perdonado”, simplemente porque aquel hombre ya pagó su deuda. Perdonar es declararle “NO” a la venganza, “NO” a ser verdugo del que ha fallado.