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lunes, 13 de octubre de 2014

lunes, 24 de junio de 2013

SI PUDIESE BORRAR...

SI PUDIESE BORRAR TODOS LOS ERRORES DE MI PASADO
ESTARIA BORRANDO TODA MI EXPERIENCIA EN EL PRESENTE.

martes, 19 de febrero de 2013

sábado, 1 de septiembre de 2012

algunas veces.....

Algunas veces, las personas llegan a nuestras vidas y
rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de
ser así, para servir un propósito, para enseñar una lección, para
descubrir quiénes somos en realidad, para enseñarnos lo
que deseamos alcanzar.

Tú no sabes quiénes son estas personas, pero cuando fijas tus
ojos en ellas, sabes y comprendes que afectarán a tu
vida de una manera profunda.

Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas
e injustas, pero en realidad entiendes que si no superas estas
cosas nunca habrías realizado tu potencial, tu fuerza o el
poder de tu corazón.

Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad
o por la suerte... Enfermedades, heridas, el amor, momentos
perdidos de grandeza o de puras tonterías, todo ocurre para
probar los límites de tu alma.

Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera
recién pavimentada, suave y lisa. Una carretera directa sin
rumbo a ningún lugar, plana, cómoda y segura, más
empañada y sin razón.

La gente que conoces afecta a tu vida; las caídas y los triunfos
que tú experimentas crean la persona que eres.
Inclusive se puede aprender de las malas experiencias.
Es más, quizás sean las más significativas en nuestras vidas.
Si alguien te hiere, te traiciona o rompe tu corazón, le das
las gracias porque te ha enseñado la importancia de perdonar,
de dar confianza y de tener más cuidado de a quien le
abres tu corazón.

Si alguien te ama, ámalo tu también; no porque él o ella te ame,
sino porque te han enseñado a amar y a abrir tu corazón y
tus ojos a las cosas pequeñas de la vida.

Haz que cada día cuente y aprecia cada momento, además de
aprender de todo lo que puedas, porque quizás más
adelante no tengas la oportunidad de aprender lo que tienes
que aprender de este momento.

Entabla una conversación con gente con quien no hayas
dialogado nunca, escúchalos y presta atención.
Permítete enamorarte, liberarte y poner tu vista en un
lugar bien alto.

Crea tu propia vida, encuéntrala y luego vívela...

jueves, 9 de febrero de 2012

La vaquita

Cuenta una historia de la India, que un maestro paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado.
Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí? el señor calmadamente respondió:
-amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, manteca, y otros productos para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: busque la vaquita, y tráigala. Vamos a llevárnosla.
El joven miró al maestro con estupor y le cuestionó el hecho, porque la vaquita era el único medio de subsistencia de esa familia. Más como percibió el silencio absoluto del maestro, cumplió presuroso la orden.
Durante años, el discípulo jamás supo el destino que el Maestro dio a la vaquita.
Un día, el joven resolvió dejar a su maestro y regresar a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos.
Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con un automóvil en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado, imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, el joven preguntó por la familia que vivía ahí hace unos años, el señor respondió que seguían viviendo ahí.
Consternado, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor:
-¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar la vida? El señor entusiasmado le respondió:
-nosotros teníamos una vaquita, pero un día, desapareció y nunca mas supimos de ella, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así, alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora…
————————————————
El ser humano tiende a ser perezoso. Mantiene su confusión en el mundo y queda atrapado por lo que sus sentidos, le hacen creer que es real. En algunos casos intuye que hay algo más, o mucho más, que lo que ha conocido hasta ahora, pero así y todo le cuesta tomar la decisión de perder aquello que cree que posee y que en realidad lo posee a el mismo, y poder ganar su libertad.
En esta evolución, solo se trata de elegir despertar, o de seguir dormido. Una vez que la rutina se hace carne y nos aprisiona, son muy pocos los heroicos que quieren sacudir esa chatura, esa inercia y despertar a una realidad mucho mas trascendente; pero que al comienzo no es tan visible. Son pocos los héroes y muchos los mendigos. La gran mayoría de la humanidad, ya sabemos, usa una muy limitada capacidad de su cerebro para crear y recrear su historia, de allí que a veces aparecen los Maestros, encarnaciones concientes de su divinidad, que si bien se mueven por el planeta con un cuerpo, un nombre y una forma, jamás son atrapados por el juego de la personalidad mundana

MUCHAS VECES LO PEOR QUE NOS PASA ES LO MEJOR QUE NOS PUEDE PASAR
Claudio Maria Dominguez

sábado, 12 de noviembre de 2011

SINCRONICIDAD

Casi todos los días sucede en nuestra vida un cierto tipo de evento que llamamos "coincidencia" . Dos cosas ocurren y por alguna razón, la relación entre ellas nos llama la atención; a esto Jung llama "sincronicidad" .
Cuenta James Redfield que, la cultura humana evolucionaba a través de series de revelaciones de la vida y espiritualidad. Con ellas nos volvemos más conscientes de un proceso espiritual que actúa "entre bambalinas" en la vida.
Esas coincidencias misteriosas asociadas a intenciones repentinas, nos llevarían a una búsqueda particular de información y experiencia, como mostrándonos que un destino predeterminado está pujando para emerger.
Para tratar de comprender la teoría que fundamenta el funcionamiento de las sincronicidades, Chopra comienza adentrándonos en explicaciones simples sobre la física cuántica: cómo funcionan las partículas subatómicas (esas que constituyen la base de todo el universo, visible y no visible). Aparentemente según las demostraciones de Aspect y el teorema de Bell, dos partículas que en algún momento estuvieron juntas siguen interconectadas instantáneamente para siempre, más allá de la distancia que las separe en el universo. Su intercomunicación se establece en el envío de información que viaja entre ellas a una velocidad muy superior a la de la luz: una interconexión instantánea.
Si todo nació del Big-Bang, como afirma la ciencia, todo el universo estuvo junto en ese momento inicial. Por lo tanto se deduce que todos estamos relacionados con todos y con todo; y esto es, tal vez, lo que algunos místicos perciben: ser "Uno" con todo el universo. "Porque todos somos polvo de estrellas", dijo.

"Sincronicidad: coincidencia con significado para la persona que la vive".
Jung, sostenía que la sincronicidad era una ley del universo que actuaba para orientar a los seres humanos hacia el crecimiento de la conciencia.

Las sincronicidades ayudan a reorientar nuestras vidas y a unirnos con nuestro verdadero destino, ese que está claramente emparentado con el "verdadero propósito de la vida".
Campbell, le dio su verdadera dimensión al decir que el viaje del héroe era el de cualquiera de nosotros que elegía buscar su verdadero destino. Llamados a convertirnos en lo que estábamos destinados a ser, alcanzando nuestro propósito vital.

Ahora Bien, de acuerdo con la tradición Védica, hay sólo dos síntomas que permiten definir a una persona que se encuentra en su camino a la iluminación:

La sensación de que las preocupaciones están desapareciendo. No se siente abatido por la vida. Las cosas pueden ir mal, pero eso ya no le molesta más.

En cada área de su vida, comienza a notar un gran número de eventos sincronísticos. Las coincidencias con significado parecen ocurrir con mayor frecuencia cada vez.


"Cuando se buscan conexiones, se acaba encontrándolas por todas partes y entre cualquier cosa. El mundo estalla en una red, un torbellino de parentescos en el que todo remite a todo y todo explica todo. (Umberto Eco)

La sincronicidad funciona utilizando otro tiempo, un tiempo distinto del que tenemos atrapado en nuestros relojes, un tiempo en el que se confunden pasado, presente y futuro.

Estoy convencido, prosiguió, de que dependiente de las interpretaciones encontradas podemos cambiar nuestra visión y objetivo en la vida y, con ello, el tipo de mundo que construiremos.

Claro que, la armonía entre nuestro cuerpo y espíritu es sumamente necesaria para lograr ser lo que nuestra alma desea, logrando así vivir nuestra historia personal como una aventura del universo. Y tener presente que, el mundo que creamos es producto de nuestra forma de pensar.
"Es una locura pensar que el mundo pueda cambiar sin que cambien nuestros modelos mentales". (A. Einstein).

sábado, 9 de julio de 2011

El portero del prostíbulo

El portero del prostíbulo

Este cuento trata sobre un hombre común. Ese hombre era el portero de un prostíbulo.

No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor pagado que el de portero del prostíbulo... Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo:

- "A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes."

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero...

- "Me encantaría satisfacerlo, señor", balbuceó. "Pero yo... yo no sé leer ni escribir."

- "¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga estoy y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto..."

- "Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo..."

No lo dejó terminar.

- "Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, los siento. Que tenga suerte."

Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero que había recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

- "Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme."

- "Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo..."

- "Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano."

- "Está bien."

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.

- "Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?"

- "No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula."

- "Hagamos un trato", dijo el vecino. "Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?"

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

- "Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?"

- "Sí..."

- "Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras."

El ex–portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue..“...No todos disponemos de cuatro días para hacer compras”, recordaba.

Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón. Luego le hizo una entrada más cómodo y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio.

Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no? las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos...

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:

- "Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela."

- "El honor sería para mí", dijo el hombre. "Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto."

- "¿Usted?", dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo.

- "¿Usted no sabe leer ni escribir?¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?"

- "Yo se lo puedo contestar", respondió el hombre con calma. "¡Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del prostíbulo!."

Adaptado por Jorge Bucay